Del Camino Neocatecumenal - Pasos

Una noche de invierno, en una sala con velas, escucharon por primera vez el kerigma : “Cristo murió por tus pecados y resucitó. Tu vida no es un error. Él te ama tal como eres”. Juan rompió a llorar. No era un llanto triste. Era como si una losa se hubiera resquebrajado. Allí comprendió el segundo paso: celebrar la Pascua en pequeño, reconociendo la propia muerte interior para dejar espacio a la resurrección.

—No estamos aquí para daros recetas. Vamos a caminar juntos. pasos del camino neocatecumenal

Justo antes de la Semana Santa, vivieron los escrutinios . Andrés les preguntó, uno a uno: “¿Qué ídolos has construido en tu vida? ¿El trabajo, el orgullo, el miedo?”. Juan habló de su obsesión por tener la razón. Clara habló del resentimiento. Fue duro, pero liberador. En el tercer escrutinio, oraron sobre ellos con imposición de manos. Juan sintió un calor extraño en el pecho. “Es como si me dijeran: ‘Puedes soltar la mochila’”, confesó después. Una noche de invierno, en una sala con

—Solo un fin de semana —le susurró—. Si no te gusta, nos vamos. Juan rompió a llorar

En la Vigilia Pascual, junto a otros veinte adultos que también habían recorrido el camino, Juan y Clara renunciaron al mal y renovaron su bautismo. No era una fórmula repetida. Era un “sí” dicho desde las entrañas. La comunidad entera los abrazó. Andrés, con lágrimas, les entregó una pequeña cruz de madera: “Recordad que no camináis solos”.

Y encendió una vela sobre la mesa, como habían aprendido. No para iluminar la estancia. Sino para recordar que, en el Camino Neocatecumenal, los pasos no se miden en kilómetros, sino en corazones que aprenden a latir juntos.